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Miguel Calero prometio volver a Jugar con Los Tuzos

Ituzos.com (Redacción)
Miercoles 30 de Marzo de 2011

Pachuca, Hgo.- El próximo 14 de abril Miguel Calero cumplirá 40 años de edad, y ha llegado el momento de apagar las velitas. Ya sabe cuál será su deseo. «Volver a estar en la cancha, jugando».

En el portero del Pachuca existe una certeza: logra todo lo que se propone.

Miguel abre las puertas de su casa para recibir a

Cordial. Sincero. Este icono de los Tuzos luce más que recuperado de la intervención a la que fue sometido hace dos semanas.

Cuatro horas tardaron los doctores en retirarle un clavo del brazo izquierdo y en limpiar la infección que le pudo costar perder la extremidad.

«Me equivoqué. Fui un insensato. Corrí un gran riesgo y me lo dijo el doctor Rafael (Ortega), que no entendía cómo estaba jugando en esas condiciones…»

Entonces sale el carácter que hace la diferencia entre uno del montón y quien lo ha ganado todo.

«Sin embargo, no me arrepiento; volvería a hacer lo mismo, no quería dejar al equipo en medio de un mal momento».

EL DOLOR

La historia comenzó en 1994. Calero defendía la meta del Deportivo Cali cuando un instante de desgracia lo dejó con una fractura expuesta en el brazo izquierdo.

Una barra metálica de 26.5 centímetros le ayudó a recomponer el hueso. Se la debieron quitar poco después, «pero como no me daba problema lo dejé», confiesa Miguel. Hasta hace unos meses…

«Una fístula a la altura del hombro me infectó y me impedía doblar el brazo; prácticamente estuve atajando con un brazo, las circunstancias del equipo eran malas y decidí seguir». Hasta la fecha 10, contra el Atlante, cuando se dio cuenta que no podía más.

«Me dolió dejar al equipo tan mal y también los silbidos y las críticas de los aficionados en el estadio. Escuché todo y por muy capitán que sea, la gente está en su derecho de manifestarse».

LA FORTALEZA

Bien dicen: lo que no te mata, te fortalece.

Hoy, Calero luce 40 puntos de sutura en el brazo y presume la barra de acero inoxidable que llevó durante 17 años. «¡Cómo no la voy a conservar si me dio tantas satisfacciones!», exclama cuando le preguntamos sobre el destino del clavo. Acabará en la sala de trofeos.

Sí, el ánimo está de vuelta con Miguel. También la fuerza. Ya empezó a realizar ejercicios para recuperar esos cuatro kilos de masa muscular que perdió en la operación.

Igual la determinación ante la pregunta obligada: ¿qué planeas sobre tu futuro?

«Hace tiempo que mi familia me dice que me retire, que es momento de dedicarme a otras cosas, pero siendo sinceros no veo motivo para tomar ese camino. Todavía no. Física y mentalmente estoy muy fuerte, con ganas de cumplir. Entre más me preguntan cuándo me retiro, más ganas me dan de jugar».

LA DETERMINACIÓN

Hace dos semanas, contra Pumas, los Tuzos entraron al campo portando una manta dedicada a su capitán. «Aún te falta tu mejor atajada», decía la leyenda.

Desde el hospital Miguel se conmovió. Ahí tomó una decisión.

«Me voy a retirar dejando al Pachuca en los primeros lugares».

Todavía le queda un año de contrato con Pachuca, así que piensa cumplir.

«Perdí mi puesto y me da gusto que Rodolfo Cota esté jugando, que lo haga bien, todos queremos eso. Sin embargo, me voy a recuperar para regresar a competir por el puesto que me perteneció durante los últimos 11 años».

El colombiano sabe lo que eso implica. Ni vacaciones ni descanso. «Ya hago algunos ejercicios y empiezo a correr; en unas semanas empezaré a trabajar con el brazo y espero estar listo para la pretemporada».

Sólo entonces planea volver a poner un pie en el estadio Hidalgo. «Regresaré ahí cuando esté listo para jugar y cambiar esos silbidos por aplausos», advierte.

MUY AGRADECIDO

Por ahora, desde su hogar y con la mano en el corazón, Miguel Calero se despide pidiendo agradecer a los doctores Rafael Ortega, Fernando Hiramuro, Juan Carlos García, Raúl Reyes, Antonio Torres, así como a las enfermeras del Country 2000 y Central Radiológica por sus atenciones.

«Además, a Jesús Martínez, a mis compañeros, al cuerpo técnico, a los empleados del Grupo Pachuca, a mis compadres y a todos aquellos, como el ESTO, que han estado al pendiente de mi salud; por sus buenos deseos, muy agradecido. Les prometo regresar».

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